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Indicadores e monitoramento dos novos ODS

Na esteira da definição dos novos Objetivos de Desenvolvimento Sustentável diversas questões entram em jogo, principalmente em relação a como monitorar a implementação e desenvolvimento desses objetivos ao longo do tempo e a como construir indicadores apropriados que reflitam a complexidade presente em metas globais.

O diretor do Centro das Nações Unidas e Estudos Globais de Governo, Martin Edwards, reflete sobre o assunto no artigo que segue abaixo, originalmente publicado em inglês no blog da Seton Hall University, Permanent Observer, e traduzido ao espanhol pelo site Revista Humanun.

 

Espanhol

Avances en los ODS de gobernabilidad

Por

Nadie puede negar que los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) propuestos son ambiciosos. Tanto en alcance como en procedimiento, estos objetivos presentan una divergencia marcada de los Objetivos de Desarrollo del Milenio que los anteceden. Una de las incorporaciones más prometedoras a la agenda de los ODS es el objetivo de gobernabilidad. Dicho de manera simple, hemos advertido que será difícil lograr algún progreso económico o social real sin estados pilares que sean más sólidos y más responsables de rendir cuentas. Sabemos que el camino a las guerras civiles es el camino opuesto al desarrollo económico y en años recientes hemos visto que los gobiernos que no rinden cuentas aumentan cada vez más el riesgo de disturbios y destitución. En ambos casos, el cumplimiento de los objetivos de salud y educación pública quedarán en segundo plano por detrás de otros asuntos más apremiantes. Entonces, a partir del Panel de Alto Nivel de 2013, tratar la gobernabilidad interna de los estados se convirtió en el ingrediente principal para reforzar globalmente el desarrollo.

Mientras que la ambición es meritoria, la ambición sin resultados no lo es. Como lo analicé en otra parte, el éxito o el fracaso de los ODS 16 dependerá de que podamos convertir este objetivo en indicadores mensurables y luego utilizarlos en un entorno de revisión entre pares para mejorar los resultados. Pero aquí está el problema: si bien podemos acordar mediciones para la mortalidad infantil o el presupuesto de los gobiernos, medir la gobernabilidad es más que un desafío. Lo preocupante es que no hay demasiado consenso sobre las mediciones y eso trae aparejada la cuestión de que si el objetivo en sí sobrevivirá el proceso de negociación. El debate sobre los indicadores de gobernabilidad entonces constituye un asunto donde hay mucho puesto en juego.

Hay dos revisiones recientes de esta bibliografía que ofrecen diferentes opiniones del tema. La Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) publicó un detallado artículo académico: Indicadores y un marco de monitoreo para los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Hay muchos puntos interesantes en este artículo. El debate por la necesidad de un marco de monitoreo es ciertamente oportuno ya que verdaderamente se necesita uno. Pero el debate sobre los indicadores del Objetivo 16, especialmente el de gobernabilidad, es deficiente. El debate del punto 16.6 (del objetivo mencionado arriba) es sobre dos posibles indicadores: la existencia e implementación de una ley nacional o garantía constitucional de derecho a la información, y un indicador del cumplimiento de la OECD u otra convención Anti-Soborno. Con respecto al primero, hay que hacer una distinción importante entre de facto y de jure: las leyes del derecho a la información pueden no garantizar el acceso a la información. Con respecto al segundo, este indicador aún debe ser desarrollado. Así que, mientras todos podemos estar de acuerdo en que la gobernabilidad es importante, también necesitamos mejores maneras de realizar las mediciones de ésta.

El Copenhagen Consensus Center también acaba de publicar su revisión de los objetivos propuestos de gobernabilidad e instituciones de la propuesta del Grupo de Trabajo Abierto de los ODS (me solicitaron que contribuyera con un artículo académico de mi punto de vista, como parte de la evaluación). Mientras que la evaluación general del valor del costo-beneficio de un objetivo de gobernabilidad es baja, el asunto más grande sigue siendo que, incluso si es el caso, el objetivo ahora tiene un ímpetu particular. Dado esto, el trabajo de la comunidad a cargo de las políticas es hacer que el objetivo funcione. Y para lograrlo, se necesitan objetivos adecuados. Aunque mucho de lo tratado en el artículo de revisión es sensato, encuentro un poco insuficiente el análisis sobre los objetivos adecuados. Ya hay muchas valoraciones de datos en este campo y algo de integración logrará hacer avanzar el debate. Algunas de estas fuentes se mencionaron en el artículo de revisión, pero otras son reales.

Al mismo tiempo, hay bastante investigación de las Ciencias Políticas que aún no ha tenido lugar en el debate. Por ejemplo, existen numerosas mediciones del tipo de régimen fuera de los puntajes tradicionales de Freedom House y Polity (consulte aquíaquíaquí). Además, hay medidas nuevas de transparencia a partir de la cantidad de datos que faltan en los Indicadores de Desarrollo Mundial. Y también hay reseñas importantes de las medidas existentes que necesitan informar este debate (consulte aquí el debate sobre corrupción y aquí el debate sobre el proyecto WGI).

Las apuestas aquí son más altas que una simple petición de que la investigación de las Ciencias Políticas participe en esta larga conversación. En ausencia de propuestas fuertes que defiendan ciertas medidas antes que otras, hay dos posibilidades. La primera es que tal vez encontremos que el foco de la gobernabilidad está en los datos disponibles en vez de los datos correctos. La existencia de leyes no es lo mismo que el cumplimiento de esas leyes y hacer presión por lo primero a costa de lo segundo no sería lo ideal. Lo que es más importante, sin consenso sólido sobre cómo se debería medir la gobernabilidad, la iniciativa queda en manos de los estados mismos, y eso podría acarrear acuerdos diluidos. Si deseamos incluir en los Objetivos de Desarrollo Sostenible instituciones eficaces, transparentes y que rindan cuentas debemos tener conversaciones más profundas sobre cómo medir estos conceptos.

* Artículo originalmente publicado en Permanent Observer.

Traducción a cargo de Daniela Helguera, voluntaria en línea de la ONU.

Inglês

Moving Forward on the Governance SDG

No one disputes the ambitiousness of the proposed Sustainable Development Goals.  Both in scope and in process, these goals are a marked departure from the Millennium Development Goals that preceded them. One of the more promising additions to the SDG agenda is a goal on governance. Simply put, we’ve realized that it will be difficult to achieve make any real economic and social progress without building states that are both stronger and more accountable. We know that civil wars are economic development in reverse, and we’ve seen in recent years that governments that are not accountable increasingly court the risk of upheaval and removal. In both situations, meeting goals on public health and education will take a back seat to more pressing matters. Thus, starting with the High Level Panel in 2013, addressing the internal governance of states became an essential ingredient in strengthening development globally.

While ambition is laudable, ambition without results is not. As I’ve argued elsewhere, the success or failure of SDG 16 will turn on whether we can turn this goal into measurable indicators and then use them in a peer review setting to improve results. But here lies the problem: while we can agree upon measures of infant mortality or government spending, measures of governance are more of a challenge. What is worrisome is that there is not enough consensus on measures, which in turn raises the issue of whether the goal itself will survive the negotiation process. The debate about governance indicators, then, is one in which the stakes are high.

Two recent reviews of this literature offer different views on the matter. The Sustainable Development Solutions Network released its comprehensive paper:  Indicators and a Monitoring Framework for Sustainable Development Goals. There is a lot about the SDSN paper to like. The discussion of the need for a monitoring framework is certainly timely, since we will certainly need one. But the discussion of indicators for Goal 16, especially for governance, is wanting. The discussion of 16.6 (the goal noted above) is about two potential indicators:  the existence and implementation of a national law and/or a constitutional guarantee on the right to information, and an indicator on compliance with the OECD’s or other Anti-Bribery Convention. For the first of these, there is an important distinction between de facto and de jure: laws about right to information might not guarantee access to information. For the second of these, this indicator still needs to be developed. So while we all might agree that governance matters, we need better ways to measure it.

The Copenhagen Consensus Center also just released its review of the proposed targets on governance and institutions from the SDG Open Working Group proposal. (I was asked to contribute a viewpoint paper as part of this assessment. While the overall assessment of the cost-benefit value of a governance goal is low, the broader point remains that even if this is the case, the goal right now has a particular momentum behind it. Given this, the task for the policy community is to make the goal work. And to do this requires appropriate targets. While there is much in the review paper on this that is sound, I did find it rather lacking in the discussion of appropriate targets. There are many appraisals of data in this field out there, and some integration would go a long way to moving the debate forward. Some of these sources have been referenced in the review paper, but others do exist.

At the same time, there is plenty of political science research that has not yet found its way into this debate. For example, numerous measures of regime type exist outside of the traditional Freedom House and Polity scores (See here, here, and here). And there are also novel measures of transparency based on the extent of missing data in the World Development Indicators. There are also important critiques of existing measures that need to inform this debate (see here for a discussion of corruption and here for a discussion of the WGI project).

The stakes here, are higher than mere pleading that political science research needs to be a part of this broader conversation. In the absence of strong proposals that advocate some measures more than others, there are two possibilities. First, we might find that the governance target focuses on available data rather than appropriate data. The existence of laws is not the same as the enforcement of those laws, and it would be less than ideal to lobby for the first of these to the detriment of the second. More importantly, without a strong consensus on how governance ought to be measured, this leaves the initiative to the states themselves, which could result in a watered-down agreement. If we want to include effective, accountable, and transparent institutions as part of the Sustainable Development Goals, we need to have more in-depth conversations on how we’ll measure these concepts.

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